Louise Lalu: doctorado en esperanza y desarrollo

lalu-25

Agencia Ical (30 de noviembre)

Louise Lalu es una congoleña que caminaba descalza siete kilómetros para ir a clase todos los días. Ahora es doctora en pediatría y quiere volver a su país para predicar con su ejemplo. Antes, ha pasado por Palencia para contar su experiencia.

“Yo soy una de las niñas que veis en imágenes y que caminan siete kilómetros descalzas y sin comer para llegar todos los días a clase”. Este es parte del testimonio de Louise Lalu. Una mujer congoleña, que hoy en día es pediatra. Ahora reside en España, pero va a volver a su país para “ayudar a los niños”. Antes, recorre varias localidades españolas, entre ellas Palencia, para que ayudar a valorar “lo que tenéis y lo que podéis hacer por África” a través del proyecto Harambee.

Es sincera, directa, y hable de lo que hable trasmite serenidad. No hay en la narración de su vida de ni un ápice de autocompasión. Se limita a contar cómo son las cosas y cómo se pueden cambiar. Y sonríe, cuando la gente le pregunta asombrada por qué va a volver al Congo después de conocer la vida en España. Pero, ella tiene claro que su estancia en este país ha sido sólo una parada para conseguir su meta: predicar con su ejemplo a otros niños congoleños, y aportar su “grano” a la mejora del sistema de salud público africano.

Tras cursar el Master en Salud Pública en Madrid, realizó el Doctorado en epidemiología y Salud Pública. “Ahora en mi país seguiré investigando para la tesis doctoral sobre cómo está la salud pública y el control de las epidemias allí”, dice.

Pero, aunque reconoce que mejorar el sistema sanatorio ayudaría mucho al desarrollo de su tierra, apunta que la meta principal del continente pasa por autoabastecerse a través de la agricultura para salir de la pobreza. “Puede sonar obvio, pero si un cuerpo no come bien, no puede luchar contra ningún virus”, dice. “Un niño desnutrido con diarrea puede morir en 24 horas”, añade borrando de golpe la expresión alegre de su rostro, porque Louise no lo ha visto en la televisión, lo ha vivido de cerca.

lalu-3


Una vida de sacrificio

Dos días a la semana. Estos eran más o menos los que Lalu y su familia podían comer. Así, con el estómago vacío iba la futura pediatra a clase cada día en la localidad de Lodja, en Kasai Oriental, en la República Democrática del Congo. Al pasar a secundaria, la situación empeora. “No había escuela en el poblado”, cuenta. Por lo que todos los niños que querían continuar sus estudios recorrían siete kilómetros, a pie y descalzos.

“Lo peor, es salir de clase al mediodía y notar como tus pies se queman, pero aprendí, en mis caminos de ida y vuelta a la escuela, a correr rápidamente, dando grandes saltos, desde la sombra del tejado de casa hasta la sombra del árbol más cercano. Allí me detenía hasta que se refrescaban las plantas de mis pies, casi chamuscadas y acto seguido me lanzaba, dando saltos, hacia la sombra siguiente.”, recuerda.

Para ella, cada viaje era “una auténtica aventura”. “Debía atravesar la selva que no se parece a las de las películas”. “Allí hay peligros reales”, observa. “Mi padre me acompañaba hasta el lugar donde comenzaba la selva y allí me unía a un grupo de chicos que iban a mi misma escuela”.

lalu-4

La universidad

Tras la educación secundaria, llegó para Louise la oportunidad de ir a la Universidad de Kinshasa “gracias a los misioneros”, señala, queriendo dejar claro a los “escépticos”, que “el dinero que dan sirve para mucho”. Si las misiones le financiaban los estudios universitarios en medicina, la comida se la debía buscar por su cuenta. “A veces vendía pan, a veces cocinaba para mis compañeras, y así iba sobreviviendo”, indica.

Allí vivía con su tía y, haciendo memoria, cuenta que fueron hasta tres las ocasiones en las que se desmayó en el aula a causa del cansancio y del hambre. “A veces para ahorrar no cogía el transporte e iba andando, total eran diez kilómetros, tres más de los que yo estaba acostumbrada”.

Ahora, desde Madrid, envía dinero a su familia y financia la educación a sus seis hermanos. Todo un ejemplo de administración en época de crisis, bromean con ella. “Jamás tiro nada de comida porque pienso en los que no tienen, y si veo desperdiciar papel pienso en los que no tenían para apuntar en clase”, explica.

Pero, a ella la vocación por ayudar a los demás le viene de familia. Al menos, es el ejemplo que vio en casa desde que era pequeña. “El recuerdo más vivo de mi infancia es el afán de mi padre por consolar a los demás en todo momento. Era maestro y daba clases en la escuela local a los alumnos de sexto de primaria”, narra. Tal era la dedicación del padre de Lalu por su oficio, que si algún niño no podía asistir a clase por no contar con dinero para la matricula, él ofrecía que se lo quitasen de su sueldo.

Educación femenina igual a desarrollo

En 2006 la doctora Lalu abrió una escuela en su poblado, para evitar que los niños tuvieran que caminar varios kilómetros para continuar sus estudios. Y es que mantiene que “el desarrollo de un país depende de la educación de las mujeres”. “Con una alta tasa de analfabetismo femenino, no podemos ser un país desarrollado”, valora.

Por eso, afirma que le asombró llegar a España y “ver mujeres trabajando en todas partes”. “La igualdad no es ni un objetivo en el Congo, y las mujeres siempre trabajan aparte, separadas de los hombres”.

Cuidar el medio ambiente, tener un sistema de recogida de basuras que evite la transmisión de enfermedades, o agua potable, son algunas de las necesidades urgentes del continente africano. “España es un ejemplo porque paso una guerra y una dictadura y ahora es un lugar maravilloso”.

Anuncios

A %d blogueros les gusta esto: